7 de septiembre de 2007

Travesuras de la niña mala

Ricardo ve cumplido, a una edad muy temprana, el sueño que en su Lima natal alimentó desde que tenía uso de razón: vivir en París. Pero el rencuentro con un amor de adolescencia lo cambiará todo. La joven, inconformista, aventurera, pragmática e inquieta, lo arrastrará fuera del pequeño mundo de sus ambiciones. Testigos de épocas convulsas y florecientes en ciudades como Londres, París, Tokio o Madrid, que aquí son mucho más que escenarios, ambos personajes verán sus vidas entrelazarse sin llegar a coincidir del todo. Sin embargo, esta danza de encuentros y desencuentros hará crecer la intensidad del relato página a página hasta propiciar una verdadera fusión del lector con el universo emocional de los protagonistas. Este libro narra la pasión amorosa de un hombre, Ricardo Somocurcio, por una mujer perversa y calculadora que sólo busca satisfacer sus ambiciones. Pero ésta no es sólo la novela de una pasión íntima que ocupa más de tres décadas de la vida de Ricardo, es también la crónica de un tiempo fascinante en dos continentes: Europa y América del Sur. Como telón de fondo contemplamos la historia peruana desde 1950 hasta 1987, con sus vaivenes entre democracia y dictadura. Y a la vez, el París de los años sesenta con sus grandes pensadores del momento (Sartre, Camus); el fascinante Londres de los setenta con la eclosión de la cultura hippie, la droga, la música pop y el amor libre; el Japón de los grandes traficantes, y finalmente la España de mediados de los ochenta. Creando una admirable tensión entre lo cómico y lo trágico, Mario Vargas Llosa juega con la realidad y la ficción para liberar una historia en la que el amor se nos muestra indefinible, dueño de mil caras, como la niña mala. Pasión y distancia, azar y destino, dolor y disfrute... ¿Cuál es el verdadero rostro del amor? ....................................................................

¿Es posible enamorarse para siempre de alguien que miente, que no quiere ser fiel, que sólo busca su interés? La última novela de Mario Vargas Llosa presenta un caso de enamoramiento adolescente que se prolonga a lo largo de los años a pesar de la reiterada traición, en una mezcla de dicha y de desdicha ajena a la razón y al buen sentido. Ricardo Somocurcio pasa del pantalón corto al largo en el verano del 50. Cuidado por su tía Alberta tras la muerte de sus padres, se enamora locamente de Lily, una chilenita que ha ido a parar sin que se sepa cómo al barrio de Miraflores de Lima. Ella le da largas, mientras el misterio crece: nadie conoce a sus padres y el lugar donde vive no cuadra con sus aires aristocráticos. Al fin se descubre que Lily no es chilena, sino peruana: todo ha sido una simulación para darse importancia. Ricardo la pierde de vista, pero no consigue olvidarla. A partir de ese momento, la vida de Ricardo estará marcada por las apariciones y desapariciones de la "niña mala". Primero será en París: allí se la encuentra entre un grupo de jóvenes latinoamericanos que van a viajar becados a Cuba para entrenarse en las filas revolucionarias. Ahora se llama Arlette y Ricardo se da cuenta enseguida de que su militancia es un cuento chino, una excusa para salir del Perú y ver mundo. Mientras Ricardo comienza a ganarse la vida como traductor para la UNESCO, de Cuba llegan noticias de que Arlette se ha hecho amante de uno de los líderes de la Revolución cubana. Pero cuando se la encuentra otra vez en París se ha convertido en madame Arnoux, esposa de un diplomático francés. En cada encuentro, Ricardo vive con ella aventuras a escondidas y le propone una y otra vez matrimonio. Pero la "niña mala" lo tiene claro: "Sólo me quedaría para siempre con un hombre que fuera muy, muy rico y poderoso", mientras achaca a Ricardo su falta de ambición. Es el "niño bueno" que sólo puede tenerse por amigo. Ella pronto abandonará al diplomático llevándose todo su dinero y desaparecerá de la vista de Ricardo hasta que, por una casualidad, se la vuelve a encontrar en Inglaterra, convertida en flamante esposa (esta vez se hace pasar por mexicana) de Mr. Richardson, un sesentón enamorado de los caballos. Vuelven los encuentros esporádicos de los dos peruanos: aunque Ricardo se siente "un imbécil reincidente por seguir enamorado de una loca, de una aventurera", de una mujer sin escrúpulos, cae otra vez en sus redes sin remedio. Cuando se descubre su anterior matrimonio con el diplomático francés, la "niña mala" desparece otra vez sin dejar rastro. Ricardo ha pasado de traductor a intérprete y, por medio de un colega, descubre a su antiguo amor en Japón, atrapada en el sórdido mundo del señor Fukuda, una especie de matón que se dedica al contrabando de afrodisíacos. Ella se ha convertido en su esclava y utiliza a Ricardo para complacer los tórridos vicios del japonés. Cuando Ricardo descubre el engaño, abandona Japón, dispuesto a cortar para siempre con ese amor abyecto. Cuando reaparece otra vez, Ricardo se compadece de su lamentable estado físico y mental y se traga una historia de violaciones y encarcelamientos que resulta ser falsa. Muy a su pesar, sigue enamorado, y empeña todos sus ahorros en pagarle el tratamiento psiquiátrico que la devuelva a la normalidad. La historia parece acabar bien cuando terminan casándose, pero Vargas Llosa reserva aún algunas sorpresas hasta llegar al dramático final. Varios personajes secundarios de singular fuerza acompañan los avatares de la vida de Ricardo y del mundo durante la segunda mitad del siglo XX: revolucionarios idealistas, hippies "elegantes", intérpretes superdotados conscientes de la vaciedad de su oficio, niños traumados en zonas de guerra, chamanes que deciden dónde ha de construirse un rompeolas para que el mar lo acepte. Simultáneamente se traza un cuadro vigoroso de las transformaciones sociales europeas y las convulsiones políticas del Perú, marcadas por los golpes militares y el sangriento terrorismo. Muchas de las experiencias vitales de Vargas Llosa se vuelcan en la novela: sus penurias en París, su labor de traductor, su colaboración con el régimen cubano, sus encuentros y desencuentros con su país natal. El lector se deja llevar por el relato ágil, duro y tierno a la vez, de esta historia de amor exacerbado, que conforma una imagen nítida de los senderos de la ambición y de las contradicciones del desamor, que han marcado a generaciones enteras en los últimos decenios. Creando una admirable tensión entre lo cómico y lo trágico, Mario Vargas Llosa juega con la realidad y la ficción para liberar una historia en la que el amor se nos muestra indefinible, dueño de mil caras, como la niña mala. Pasión y distancia, azar y destino, dolor y disfrute, ¿cuál es el verdadero rostro del amor? ¿Es posible enamorarse para siempre de alguien que miente, que no quiere ser fiel, que sólo busca su interés?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Que buen libroooooooooo...

Álvar Cienfuegos dijo...

Enamorarse de alguien así sería un acto de masoquismo y autodestrucción.

Para Alvar Cienfuegos dijo...

El amor mismo no es más que "un acto de masoquismo y autodestrucción"

Anónimo dijo...

Tal vez sea masoquismo pero como no enamorarse de una niña o niño malo!!

BLANQUITA dijo...

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